Lo que no se puede decir de Jorge Aguiar

Lo que no se puede decir
ERA una pareja muy unida. Tal vez porque se conocían desde el
jardín de infantes, tal vez porque él estuvo a su lado cuando murió
el padre de ella, tal vez porque tuvieron un hijo cuando todavía
no estaban preparados para eso, tal vez porque lo perdieron a los
pocos días de haber nacido mientras él estaba en un viaje de
negocios, o tal vez, y esto es lo más probable, por el cambio de
actitud que produjo esta situación en ella. Se volvió una persona
que no expresaba sus sentimientos de forma directa, pero los
escribía y los dejaba en algún sitio para que él los encontrase. Así
ocultaba los te quiero, los halagos, los reproches, las confesiones,
las dedicatorias, las disculpas por diferentes lugares, como en
bolsillos, dentro de las tazas, detrás de los cuadros, en cajas de
zapatos, bordados en la cortina, debajo de una silla, dentro de un
almohadón, en alguna hoja de algún libro. En cualquier lugar, él
se podía topar con un sentimiento de ella. A veces encontraba el
mensaje el mismo día que ella lo escribía, otras veces semanas o
meses después; pero la mayoría demoraba años. Tal es así que
cuando ella murió, él siguió hallando mensajes por mucho tiempo
más. El último mensaje que encontró fue una confesión, escrita
en el interior de una guitarra, cuando accidentalmente, cayó al
piso y se rompió en pedazos. Ese día puso en venta la casa y salió
a la búsqueda de su hijo.

Millet pintura

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