Dos cuentistas Brasileños

Ivan Angelo: A casa de vidrio. Editorial Cultura, Sao Paulo, Brasil, 1979 Rubem Fonseca: O cobrador. Editorial Nova Fronteira, Río de Janeiro, 1979.

Cuando en 1976 una pequeña editorial de Sao Paulo publicó una novela llamada A festa (La fiesta), el nombre de su autor, Ivan Angelo, era conocido sólo por los periodistas, sus colegas, y por algunos escasos memoriosos que se acordaban de un libro aparecido en 1961. Duas fases, que reunía relatos del mismo Ivan Angelo y de Silviano Santiago.

Por aquel mismo año de 1976, el lema de discusión literario en Brasil era la prohibición por el régimen militar de Feliz ano novo (Feliz año nuevo), un volumen de cuentos de Rubem Fonseca, que es quizás el más importante de los escritores brasileños vivos. Del libro de Fonseca, proscrito de las librerías por la dictadura, quedó en la literatura brasileña la cicatriz de la amputación de un brillante conjunto de cuentos, del libro de Ivan Angelo, la marca de un autor nuevo, que apareció con un libro suficientemente bueno como para situarse entre lo más importante que se haya publicado en Brasil en la década pasada.

Hace algunos meses, a fines del 79, estos dos escritores coincidieron otra vez con nuevos libros. Ahora, gracias a su libro anterior, Ivan Angelo es ya un nombre definitivamente instalado en la limitada categoría de los “fundamentales” de la nueva literatura brasileña, donde Rubem Fonseca se instalara allá por 1969.

Ivan Angelo reaparece con un libro llamado A casa de vidrio ( La casa de vidrio), que reúne cinco relatos bajo la explicación de Cinco historias del Brasil. Rubem Fonseca, cuyo Feliz año nuevo fue editado en español por Alfaguara/Bruguera en 1978, en espléndida traducción del sevillano Pablo del Barco, lanzó O cobrador (El cobrador), un volumen con diez relatos. Aunque el autor no lo especifique, son también diez historias del Brasil de hoy.

EL RÍO CON TRAMPAS Y EL BISTURÍ AFILADO

Después de A festa, que Ivan Angelo describe como un libro sobre las imposibilidades brasileñas de los años 70, las cinco nuevas historias de A casa de vidrio componen un mosaico de algunas realidades brasileñas, o sea algunas de las posibilidades surgidas, crecidas y solidificadas en los últimos años. Por las historias de A casa de vidrio corre un tema básico: la opresión. En algunos momentos, principalmente en el relato que da título al libro, el autor contempla, horrorizado, la victoria de la tiranía, de la Ironía de los opresores sobre el espanto del oprimido. En otras historias -como ” El verdadero hijo de puta”- se entrecruzan la violencia cotidiana, urbana, con el espanto causado por la derrota inevitable frente a esa violencia. Con ese segundo libro, Ivan Angelo se sitúa a los 43 años como el más importante escritor de su generación. El lenguaje es cuidadosamente trabajado, pero sin rozar siquiera el límite de la prepotencia: el libro fluye de manera tranquila, como un río lleno de trampas. El lector se convierte, más que en cómplice, en víctima de esas trampas: en cada una de ellas se ven, como en un espejo, escenas de horror y violencia.

En su séptimo libro – y sexto volumen de cuentos – Ruben Fonseca, de 55 años, se dedica, con la calma de un forense, a disecar los laberintos de lo cotidiano. Su arma afilada es una literatura ágil, seca, cruel, irónica, brillante. Sus trampas resultan mucho más visibles que las de Ivan Angelo : en los cuentos de Fonseca, el lector es capturado por algo misterioso, de ese mismo género de misterio que se encuentra en las historias de horror. Aunque sea también su víctima, el lector más atrevido de ingenuo) se siente cómplice, hasta que llega la hora del susto.

Y es ese susto (¿así somos? ¿así vivimos? ¿es eso lo que nos rodea?), presentado con paciencia, habilidad e ironía por Ivan Angelo, con meticulosa crueldad por Rubem Fonseca, el que salpica todos los relatos de los dos libros.

Hay quienes creen que es en Brasil donde se hace la mejor literatura latinoamericana de hoy A casa de vidrio y O Cobrador son dos libros que podrán reforzar ese argumento. Pero aún para los que no coinciden con esa tesis, ambos volúmenes resultarán un motivo de duda e inquietud: al fin y al cabo, no se trata de dramas locales. La realidad es básicamente la misma. Cambia el idioma.

Dos cuentistas brasileños

Nota: Rubem Fonseca: https://sendero.blog/2019/11/10/la-ejecucion-de-rubem-fonseca/

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