Vaca muerta

Ceremonia de Palabras

Vaca muerta

Marti Lelis

Éramos más de diez los secuestrados y nadie hacía intentos por salir de las tinieblas del calabozo. Alguien tenía un fósforo, pero lo agotó encendiendo un cigarrillo y ahora miro el color naranja de la brasa que sube y baja. “¡El que sigue!”, había estado diciendo una voz a cada pocos minutos y nos fuimos haciendo menos; la última vez nadie se movió, sólo la punta del cigarro.

En el silencio se oye una gotera. Con este calor pronto comenzará a oler a muerto, pienso. Y la oscuridad que no amaina, este no vernos que nos aterra. Las cosas vistas ayer, hechas recuerdo, ahora pueblan la oscuridad: contra la pared del fondo, nosotros; en una esquina, la vaca. Ya ni siquiera se escucha el movimiento inquieto del animal, su resuello que nos acompañaba.

La lucecilla del cigarro se extingue. “¡Por hoy fue todo!”, dice la voz…

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