Estaba sentenciado a cadena perpetua. Para sobrellevar la abrumadora sentencia, inventó la estratagema de escribir un diario íntimo en el que presentaba la vida que iba haciendo como sucedida en libertad: “Hoy en Niza…”, “Hoy en El Cairo…”
El director del presidio, al enterarse, lo llamó y reprendió, porque aquel diario con sus imaginaciones significaba un acto de evasión prohibido por leyes y reglamentos.
Despojado de su diario fugitivo, el preso feliz se murió de tristeza.

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