Ceremonia de Palabras

Polar

Marti Lelis

La fila para entrar al banco salía del edificio y se extendía bajo el sol quemante en la plaza. Tomé mi turno, ocupé el último lugar y levanté al cielo una mirada de resignación.

Respiré profundo y aparecieron de la nada nubes de tormenta. Llevaba esperando más de media hora. El viento, de súbito helado, impactó los copos de nieve contra los rostros temerosos en la fila: ya oscurecía, pronto rondarían los osos reclamando su parte en el reparto de la ballena. Instintivamente llevé mi mano a un costado, apreté el cuchillo por la empuñadura y me sentí seguro. Un minuto después, el ladrido de los perros anunció el ataque: una mole de garras y pelos cayó sobre mí, en un segundo sentí una pierna entre las fauces y que la bestia me arrastraba, empuñé el cuchillo y asesté un primer golpe; el oso me soltó y…

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