Me percuten los pulsos. Es él. Sé bien que no viene a darme las buenas noches…
Hace unos días:
servía la comida a los vaqueros, cuando miré sus nudillos. Su mano callosa, parecía una pinza. Alzó sus ojos oscuros y me sonrío. Ayer por poco derramo la sopa al sentir la firmeza de su mirada. En la cena me hizo una seña: balanceó el puño como un martillo. Era claro, tocaría a mi puerta.
Tocan quedo. Él es el novio de mi tía. La noche es oscura y fría y mi corazón hierve, ¿de miedo?, no puedo evitar imaginarme que me tiene entre sus brazos. Me tiembla el vientre y estoy engarrotada. Es la tercera vez que lo escucho. Con torpeza camino y entreabro la puerta.
Ya no está. Se que fue él, percibo su aroma de sudor. Mañana saldrá muy temprano a dejar un hato de ganado, y regresará el mismo día por la noche a la hora de la cena.

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