Platicando con mamá 1 RGG

En la mañana jugar era imposible, ya caída la tarde pedíamos permiso a mamá y si estaba de malas, era mejor callar.  Si te habías portado bien y la escuchabas silbar, entonces aprovechabas y con voz cariñosa y queda le pedías permiso. Jugábamos en bola. No había calles, banquetas, sino un pequeño campo que servía de atajo para no llegar tarde a la iglesia. Los Chamacos correteando la pelota y las mujeres jugando al bebeleche.

¡Chamacos! ¡Chamacos sosiéguense!, gritaba doña Paca. Todos dejábamos de jugar, —la voz de un adulto era una orden— detrás viene doña Sandra, ella ya tiene más de cincuenta años y no vaya a ser la de malas que uno de ustedes la atropelle y se le rompa una pierna, cuando ella haya pasado, pueden seguir jugando… mamá tiene noventa y cinco años.neblina

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