Dormía. Cuando fue clonado diez veces por la muerte; —la flaca huesuda se apestaba de aburrimiento— los acomodo en una línea de cuatro, cuatro, dos.  Calentó su brazo, tomó impulso y su bola negra corrió una, dos y muchas veces, hasta que exclamó ¡hurra! “chuza, Chuza”.
Tuvo Alferecía, dijo el brujo del pueblo.

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