Regresó a su casa de improviso. Entró con pies de gato para darle una sorpresa a su esposa y la sorpresa se la llevó él. Su amigo más amado y su compañera gemían al unísono. Su espasmo se lo trago, si acaso una lágrima abultó su párpado y se retiró en silencio.
Lloró de impotencia, tristeza, desamor. El fino estilete de la decepción aún hacía estragos en la batea del tórax.
No le dolía tanto la infidelidad de ella, si no la de él.


La lealtad se ha convertido en un bien escaso. Puedo llegar a imaginarme la decepción y el dolor de esa situación. Un saludo
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y no imaginaste que el dolor del ofendido no era por su esposa?
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Por el amigo…
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De la esposa, ya se lo esperaba😉
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