La mañana es húmeda y fría.
Hace quince noches que la lluvia pertinaz se escurre por las callejuelas del pueblo y se ahogan los campos sembrados de papa. En la noche los viejos respiran sobre sus manos para entibiarlas. Las nubes, percudidas de sombra, presagian que el mal tiempo seguirá.
Los pobladores oran, y el murmullo busca un trozo de cielo dónde asirse; mas las gotas lo devuelven a la tierra.
Cuatro espectros montados en escuálidos caballos bajan de la serranía y las madres, desesperadas, abrazan el cuerpo de los niños. ¡Lloran sin lágrimas para no mojar más la tierra.

 

Millet pintura