Toni Morrison

Toni Morrison nació el 18 de febrero de 1931 en Lorain, Ohio, (Estados Unidos) en el seno de una familia de clase trabajadora. Toni Morrison cursó estudios en la Universidad de Howard, donde se incorporó a un grupo de teatro universitario y se graduó en 1953 con una licenciatura en Inglés. En 1955 fue admitida en la Universidad de Cornell, donde realizó un curso de posgrado de Literatura inglesa.

Escribió una tesis sobre el suicidio en la obra de William Faulkner y Virginia Woolf.

Además dio clases en las universidades de Texas y de Howard. Allí conoció a Harold Morrison, un arquitecto jamaicano con el que se casó y tuvo dos hijos. En 1964 se divorciaron, en el mismo año en que, abandonó la enseñanza para trabajar en la editorial Random House de Nueva York.

En 1975 su novela Sula fue nominada al National Book Award, y en 1977, La canción de Salomón, fue considerada por la crítica como gran acontecimiento literario. La isla de los caballeros (1981) también tuvo una excelente acogida.

En 1987, publicó Beloved, que se convirtió en otro éxito de crítica y ganó el Premio Pulitzer de ficción y un American Book Award. En ese mismo año, Toni Morrison entró como profesora visitante en el Bard College.

A continuación publicó Jazz (1992) y Jugando en la oscuridad (1992).

Sus novelas dan cuenta del abandono y el dolor a los que estuvo sometida la raza negra durante las guerras del sur en los Estados Unidos; los maltratos y la esclavitud son retratados de una manera cruda, pero poética.

Desde 1989 se desempeña, como profesora de letras en la elitista Universidad de Princeton, en el estado de Nueva Jersey. En 1988 fue galardonada con el Premio Pulitzer.

En 1993 obtuvo el Premio Nobel de Literatura.

El 29 de mayo de 2012, el presidente Barack Obama le entregó a Morrison la Medalla Presidencial de la Libertad. En 2016, recibió el Premio PEN/Saul Bellow.

Toni Morrison falleció el lunes 5 de agosto de 2019 en un hospital la ciudad de Nueva York.

 

Sssst… yo conozco a esa mujer. Vivía rodeada de pájaros en la avenida Lenox. También conozco a su marido. Se encaprichó de una chiquilla de 18 años y le dio uno de esos arrebatos que te calan hasta lo más hondo y que a él le metió dentro tanta pena y tanta felicidad que mató a la muchacha de un tiro solo para que aquel sentimiento no acabara nunca. Cunado la mujer, que se llama Violet, fue al entierro para ver a la chica y acuchillarle la cara sin vida, la derribaron al suelo y la expulsaron de la iglesia. Entonces echó a correr, en medio de toda aquella nieve, y en cuanto estuvo de vuelta en su apartamento sacó a los pájaros de las jaulas y les abrió las ventanas para que emprendiesen el vuelo o para que se helaran, incluido el loro, que decía: “Te quiero”.
Pasaje de Beloved (1987) en la mitad: “-Estaba hablando del tiempo. Me resulta difícil creer en el tiempo. Algunas cosas pasan. Otras se quedan. Antes pensaba que era mi memoria. Ya sabes, algunas cosas se olvidan, otras siempre se recuerdan. Pero no es eso. Los lugares, los lugares siguen en su sitio. Si una casa se incendia, desaparece, pero el lugar… la imagen del lugar permanece, y no solo en mi memoria sino allí, en el mundo. Lo que yo recuerdo es una imagen flotando en redondo fuera de mi cabeza. Quiero decir que aunque lo piense, aunque se muera, la imagen de lo que hice, o supe, o vi, sigue allí. Exactamente en el lugar donde ocurrió.
– ¿Y los demás pueden verla? -inquirió denver.
– Oh, sí. Oh, sí, sí, sí. Algún día irás andando por el camino y oíras o verás algo. Con toda claridad. Y pensarás que eres tú la que está pensando. Una imagen pensada. Pero no. Es cuando tropiezas con un recuerdo que le pertenece a otro”.
Pasaje de Amor (2003), hacia el desenlace: “Él la mira. Azorada (¿le habrá visto menear las caderas?) y temerosa. Él es el guapo gigante propietario del hotel y al que nadie replica. Heed se detiene, incapaz de moverse o decir: ‘Disculpe. Lo siento’. (…)
Le toca el mentón y entonces, con naturalidad, sin dejar de sonreír, le toca un pezón, o mejor el lugar bajo el traje de baño donde habrá un pezón (…) Heed se queda ahí durante un tiempo que le parece una hora pero que es menos del que se requiere para hacer una burbuja de chicle perfecta. (…)
Heed no ha traído las piezas. Le dice a Christine que no las ha encontrado. Esa primera mentira, de las muchas que seguirán, se debe a que Heed cree que Christine sabe lo que ha sucedido y eso la ha hecho vomitar. Así pues, hay algo en Heed que no está bien. El viejo lo ha visto enseguida, y por ello le ha bastado con tocarla para que se moviera, como él sabía que iba a suceder, porque esa cosa mala ya estaba ahí, esperando que un pulgar la despertara. Ahora Christine también sabe que eso está ahí, y no puede mirarla porque la cosa mala es visible”.
Canción-de-SalomonFinal de La canción de Salomón (1987): “-¿Quieres mi vida? – Lechero ya no gritaba-. ¿La necesitas? ¡Tómala!
Sin secarse las lágrimas, sin respirar hondo, sin doblar siquiera las rodillas, saltó al vacío. Ligero y resplandeciente como la estrella polar, fue girando en el aire hacia Guitarra. No importa cuál de los dos entregara su espíritu en los brazos asesinos de su hermano porque ahora Lechero sabía lo que Shalimar había sabido años atrás: que si te rindes al aire, puedes cabalgar en él”.
“Soy Beloved y ella es mía. Sethe es la que recogía flores, flores amarillas en el lugar anterior al encogimiento. Las separaba de sus hojas verdes. Ahora están en la colcha donde dormimos. Estaba a punto de sonreírme cuando llegaron los hombres sin piel y nos llevaron a la luz del sol con los muertos y empujaron a éstos al mar. Sethe entró en el mar. Entró. No la empujaron. Entró. Se estaba preparando para sonreírme y cuando vio a los muertos empujados al mar también entró y me dejó allí sin rostro y sin ella. Sethe es el rostro que encontré y perdí en el agua bajo el puente. Cuando entré, vi su rostro acercándose a mí y también era mi rostro. Quise unirnos. Intenté unirnos pero ella emergió del agua entre fragmentos de luz. Volví a perderla, pero encontré la casa que me había susurrado y allí estaba, por fin sonriente. Eso es bueno, pero no puedo volver a perderla. Lo único que quiero es saber por qué se internó en el agua en el lugar donde estábamos encogidos. ¿Por qué hizo eso justo cuando estaba a punto de sonreírme? Yo quise unirme a ella en el mar pero no podía moverme, quise ayudarla cuando recogía flores, pero las nubes de uno de los disparos me enceguecieron y la perdí. Tres veces la perdí: una con las flores debido a las nubes de humo alborotadoras, una cuando se metió en el mar en lugar de sonreírme, una bajo el puente cuando quise unirme a ella y ella vino a mí pero no me sonreía. Me susurró, me masticó y se alejó nadando. Ahora la he encontrado en esta casa. Me sonríe y es mi propio rostro sonriendo. No volveré a perderla. Es mía.
Dime la verdad. ¿No has venido del más allá?
Sí. Estaba en el más allá.
¿Has vuelto por mí?
Sí.
¿Me recuerdas?
Sí. Te recuerdo.
¿Nunca me olvidaste?
Tu rostro es el mío.
¿Me perdonas? ¿Te quedarás? Ahora estás a salvo aquí.
¿Dónde están los hombres sin piel?
Afuera. Lejos.
¿Pueden entrar aquí?
No. Lo intentaron aquella vez, pero yo lo impedí. Jamás volverán. Uno de ellos estaba en la misma casa que yo. Me hizo daño.
No pueden volver a hacernos daño.
¿Dónde están tus pendientes?
Me los quitaron.
¿Los hombres sin piel se los llevaron?
Sí.
Iba a ayudarte pero las nubes se interpusieron.
Aquí no hay nubes.
Si te ponen un círculo de hierro alrededor del cuello, lo arrancaré a mordiscos.
Beloved.
Te haré un canasto redondo.
Has vuelto. Has vuelto.
¿Me sonreiremos?
¿No ves que estoy sonriendo?
Amo tu rostro. “

https://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2013/01/la-gran-hechicera-toni-morrison.html

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