Asistí a mi propio velorio y escondido entre las coronas de flores veía a mis deudos; curiosamente mi esposa no estaba entre ellos. Recorrí los pasillos de la vetusta casa y de los muros salieron unas manos que me ahorcaron; desesperado intenté zafarme tratando de romper el abrazo; mis dedos rodearon sus nudillos y reconocí la protuberancia del anillo; el que le regalé, una noche antes de que la sepultara con su amante.


Ese no es surreal, es paranormal. No me gustá, pero quedó bien.
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Seguramente pasan y solo imaginamos, gracias por llegar. abrazo y rosas.
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Un relato que da escalofríos, me gusta mucho.
Abrazos y un clavel para ti.
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Gracias por venir Mari, Ah ls venganzas después de la muerte. Abrazo grande y va una crema de vainilla.
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