Me despierto y miro el celular: son las tres de la mañana. No quiero levantarme, pero no aguanto las ganas de orinar. Poco después, el perro me mira suplicante mientras me lavo las manos. Termino sacándolo para que pueda hacer lo suyo. Afuera maldigo entre dientes mi despertada. Ojalá que esta noche no vuelva a pasar, me digo sin convicción. Regreso al cuarto con mucho cuidado. Abro la puerta y ahí estoy, acostado al lado de mi esposa. Intento deshacer mis pasos, pero es muy tarde. Mi otro yo me mira asustado. Trato de calmarlo con gestos, pero la impresión le ocasiona un infarto fulminante. Vuelvo entonces a ponerme mi mono azul. Cargo a cómo puedo el cuerpo y cavo una tumba en el patio trasero, al lado de las otras cinco. Ya casi amaneciendo me baño y vuelvo a la cama, jurando que mañana no me vuelvo a levantar.

hombreorinar.

Tomado de Fb