Hacía caminatas para deteriorar el aburrimiento.
Caminaba por el impulso de caminar
la mente ida y toreando los carros por instinto.
En su interior construía un circo de tres pistas
y en cada una, transcurría la vivencia de un sueño.
Los actos se ejecutaban al unísono,
con luces intermitentes y un sol artificial.
El sol rojo del semáforo,
o el agudo sonido del claxon lo sacaba del ajetreo imaginativo:
y volvía. como vuelve una burbuja de oxígeno a la superficie.

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