LLegaron las aguas con su cohorte,
para confeccionarle al cielo una capa de grises y azules oscuros.
¡Mi corazón se rinde ante septiembre!
y salgo a encontrarme con la lluvia.
Mi boca es una cubeta sedíenta.
Mi cuerpo exhala aromas de alegría,
me contorsiono como un gusano herido y voy de un lado a otro poseído por el grito.
Llegaron las aguas,
también los truenos que erizan los pelos de mi corazón y corro a refugiarme en los brazos de mi madre.