Por mucho, los mejores recuerdos que tengo de mi infancia y de mi juventud pasan necesariamente por el tamiz maravillosamente modelado por las manos y el corazón de una mujer. Mi madre y su melódica voz, por supuesto en primera fila. Pero también están allí, iluminando días y días las abuelas haciendo magia con exóticos postres, con suculentas comidas, con el relato de maravillosas historias y las tías, hermanas de mi padre y mi madre, integrando mis tardes de ensoñaciones ¡Cantos y juegos! Y por supuesto mis hermanas y primas con sus risas. Y cuando llegó su tiempo, las amigas que, espléndidamente, llenaron de ilusión mis días. Finalmente en mi madurez, la presencia de mi mujer y de mi hija redondeando cada minuto de mi existencia.

¡La mujer en el camino, en el pensamiento, en el corazón, en el alma!

Qué dolor y qué impotencia la lectura en los diarios o la escucha por radio, no tan sólo de México, sino de cualquier país del mundo, agresiones, golpes, asesinatos o feminicidios. Actos deleznables de acoso. Niñas violentadas, jóvenes prostituidas, madres y abuelas esclavizadas.

Sociedad tras sociedad una absurda continuidad de la misma historia.

-¡La mujer a lo largo de la historia ha sido violentada! Y es por lo tanto un acto que raya en la normalidad. En muchas sociedades y religiones actuales la violencia física o verbal es un acto consumado y pasado por alto.

¿Hacia dónde va nuestra irracional civilización?

El tiempo de hoy es tiempo de levantar la voz al unísono con ellas.

– “Antes las mujeres se callaban, no hacía falta matarlas” Dacia Maraini