Jus primae noctis* de Manuel R. Campos Castro


El señor feudal era un hombre alto, delgado y anguloso, de modales refinados. Los recién casados lo miraron azorados, con un pavor no exento de respeto.
-Vengo a reclamar mis derechos -dijo el señor suavemente-. La primera noche me pertenece.
Los aldeanos no se atrevieron a replicar. El blanco caballo sin jinete que se encontraba junto al del barón piafó. El soldado que lo sujetaba de las riendas le acarició el pescuezo para calmarlo. El señor feudal sonrió.
-Vas a venir conmigo al castillo, pichoncito -dijo-, verás que te va a gustar.
Acto seguido obligó a su corcel a dar la media vuelta y se alejó en dirección del fuerte señorial, no sin antes haber hecho una seña a sus guardias.
Los soldados sujetaron al novio y lo montaron en el caballo blanco. La novia se quedó llorando en la aldea.

  • Derecho a la primera noche

    De mil amores. Antología de microrrelatos amorosos. Thule ediciones.2005

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s