Nada más falso que Ulises, luego de su penosa y complicada travesía de retorno a Ítaca, haya sido recibido por su fiel esposa. Había muerto. A fuerza de tejer y destejer, de bordar y desbordar, en espera de su amado, Penélope se convirtió en una suprema artista. De sus manos brotaban prendas que se ajustaban a los cuerpos de modo mágico y tapices con las más bellas escenas sobre las deidades griegas. Tejió en lana y seda, en finos linos y suaves telas, ropajes hasta para sus pretendientes. Ello desató el odio de Aracne, quien valiéndose de su figura de araña pudo llegar hasta las habitaciones de Penélope y picarla mortalmente en un brazo. Al parecer, todos han olvidado que Atenea, en su justificada ira para castigar a la irreverente muchacha, la convirtió con jugo de acónito en araña y al hacerlo no consideró que también le daba un mortal veneno y dejaba intactos su egoísmo y envidia
Ulises lloró la muerte de su esposa, pero de inmediato, para hallar consuelo, hizo traer a Circe, la hechicera que había amado durante su ruta de regreso a casa y cuya belleza aún lo subyugaba. Habrá que añadir que Circe detestaba tejer y bordar. Era sumamente sensual y su especialidad era la cocina.

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