Desde hace un tiempo lo encuentro sentado en la cabecera de mi cama, mirando con autentico interés cada vez que estoy en plena vorágine sexual. Cuando me noto a punto de llegar al bendito orgasmo por mucho que cierre los ojos allí está él, contemplando fijamente y con curiosidad científica cada uno de mis gestos. He intentado hacerle entender que así no hay manera, que me está creando una intensa frustración con su presencia. Alega que ese es su trabajo, protegerme durante todas las horas del día. Me dice que se asusta mucho cuando me oye gemir con tanta intensidad y q ue le preocupa que nombre tanto a Dios en esos momentos.
Le he explicado que eso son palabras que se dicen sin reflexionar, pero no hay forma, sigue en sus trece, apareciendo. No sé, pero estoy empezando a pensar que me ha tocado un ángel de la guarda pervertido.

angelito