Me ganaba el diario de la vida haciendo mandados. Naci con pocas gracias y mudo. La gente pregunta  qué porque no puedo hablar,  si tengo una lengua tan larga, que puedo tocarme la nariz. Desarrollé a falta de sonido la capacidad de comunicarme con mis manos y me hago entender. Por la mañana voy a los lavaderos comunales del pueblo y las señoras me saludan con afecto. Saben que cuentan conmigo.
.—Toma agua de mango que traje.
—Hay enchiladas de mole con huevo.
Ser mudo no es el infierno, sobre todo si sabes manejar una lengua larga.

lavaderos--