En los corredores,
tienes macetas, hamacas,
una poltrona, cachivaches.
En el silencio, meciendote en la poltrona,
aparece el claroscuro de tu ser.
Como palomitas avergonzadas,
llega la náusea, la vergüenza, lo servil.
}Dando traspiés,
tu corazón exige
que lo saques de tu baraja.
El no escogió ni tu alma, ni tu cuerpo.

poltrona