Oía lejanos los rezos como si estuviese escuchando el eco de una cascada. El aroma de flores difuntas venía en un blanco y negro que me recordaban acostado en el silencio de mi recámara. Enfrente estaba el dormitorio de las niñas, diferentes la una de la otra, eran acompañadas de sus hijos. Los amigos de tantos años se saludaban o bien se tomaban el café.
Vi con alegría a compañeros que cualquier día era motivo de festejo. Uno de ellos que sin vencer los vicios llegó a la tercera edad con la dignidad de un vegetariano. Te das cuenta de tu vejez, porque al caminar por el pasillo, te abrazan hombres maduros, esposa al lado y luciendo canas entreveradas en su melena.
En la sala vecina se escuchan los gimoteos de una mujer, por su intensidad podría inferir que es una viuda. Palabra que me lleva a recordar a mi maestro de anatomía, que decía que el golpe sobre el codo se hace sobre el nervio cubital, se le menciona como “Dolor de viuda” ya que es muy intenso, pero de corta duración.

viuda