¡Bendito el marido que me ha tocado! Tiene horas que se fue. Presiento que él aún está. No puedo dejar que haya otro aroma diferente al de él. porque es capaz de todo.
¡Hasta el viento que mueve las persianas me causa zozobra! Quemé mi agenda de soltera frente a sus narices y sonrió. Cómo diciéndome: ¡eso no basta! Bien que sabe que mi memoria es prodigiosa. A veces cansada de su asedio, tomo el teléfono para contactar mis amistades y de inmediato repiquetea.
– Qué haces mi amor, me dice dulcemente. Cree que no me doy cuenta que lo expresa con sutil ironía. Eso me perturba, pero me repongo de la sorpresa y le contesto:
-Aquí, regando las flores.
-¡Ten cuidado! la gente de ese barrio se la pasa mirando. Cuelga. Me rio y llevo el agua hasta la cerca donde he sembrado girasoles.
Aún no sabe que el vecino tiene unas dalias en floración.

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