Se murió Juan, el amigo de todos. Nos coperamos para llevarle una corona de flores, con la leyenda «Tus amigos de la colonia» Nos vemos en el velatorio muchachos, y para confirmar pregunté a uno por uno si iba a estar presente, todos dijeron que sí, Tobías se disculpó. Lo llevé a un apartado y me dijo «por nada en el mundo voy a un velorio» intrigado le pregunte porqué y empezó a contar:
Un amigo muy querido falleció inesperadamente. Fui a su velorio, llevando un ramo de margaritas blancas, El lugar con olor a cirio, los arreglos florales al frente, y tras el ataúd, las coronas impolutas. cuando abrazaba a la viuda le dije en voz alta «felicidades» cargado de verguenza, sali del velatorio. Desde entonces no voy, es incomprensible , pero al sentir el contacto de un abrazo, mi boca en automático exclma en voz alta ¡felicidades!


Reblogueó esto en Acuarela de palabrasy comentado:
Lo comparto porque me gustó como relato breve, y porque yo tampoco voy a velorios pues, habiendo sido huérfana desde mis siete, lloro exageradamente la muerte de mis padres… y ese llanto abrumador por algo de mi historia personal, me parece una falta de respeto hacia el dolor de los presentes. Entonces, me abstengo. He aquí alguien que tampoco va a los velorios por algo de su propia historia:
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Gracias por traerlo a tu blog Acuarela. Un abrazo en silencio.
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