El siguiente relato tiene dos opciones, seleccione la de su agrado.
1: No tenía prisa por regresar a casa, me esperaban una esposa insufrible, tres hijos latosos y un perro que sólo al verme gruñía ofensivo. Por ello decidí cederle el paso al impetuoso ferrocarril. Fue una decisión afortunada, se trataba de un tren infinito y en consecuencia me quedé del otro lado de la ciudad para siempre.
2: Tenía prisa por regresar a casa, me esperaban una maravillosa esposa, tres hijos encantadores y un perro que me adoraba. A pesar de mis deseos, fui respetuoso con el ferrocarril y no traté, también por precaución, de adelantármele y le cedí el escandaloso paso. Fue una decisión desafortunada, se trataba de un tren infinito y en consecuencia me mantuve del otro lado de la ciudad para siempre.
Si ha quedado insatisfecho con ambas posibilidades, le brindamos una tercera:
3: No quería regresar, le eran detestables tanto su esposa, el perro, sus hijos como la casa, pero, fanático de la legalidad y el orden, necesitaba recuperar sus documentos de identidad, credenciales, pasaporte, licencia para conducir, tarjetas de crédito y chequera, olvidados en el escritorio. Se propuso, entonces, pasar rápidamente y sin consideraciones o formalidades recogerlos. El problema es que todos los días, cuando intentaba el retorno, un tren sempiterno le impedía el paso.

tren Ernest descals