Yo estaba de pie, él de rodillas. Sus manos en las mías, su mirada en mis ojos.
—Te amo —me dijo— y te lo voy a demostrar. Pedime lo que quieras: una rosa de oro, una estrella de mar. Una estrella del cielo.
—Con un canario me conformo —contesté riéndome.
—Lo consigo y vuelvo.

Volvió rápido. Cansado. Tierno como siempre.
Arrastraba una jaula enorme.
—¿Y el canario? —pregunté.
—Decidí que ningún pájaro podría compararse con vos, mi amor, que cantás como un ángel —respondió.
Me emocionó saber cuánto valoraba mi voz.
Avancé unos pasos. Me paré dentro del círculo de rejas.
Él cerró la puerta.

& Kate Girdler