Desnudo y abierto a los caminos, cuento despacio las señales que me dejaste. Allá tu viento de limonarias. El río donde entreveo trapecios y redondeces que cuelgan de tu tronco. Con el pensamiento voy para sembrarte de pitahayas. Pero ya no estás. Sólo persisten las tejedoras de la ausencia y yo regreso húmedo de olvido.


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Gracias Laura. Abrazo y rosas.
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