Bajó sin hacer ruido. Conocía perfectamente su casa y aun en la oscuridad pudo encontrar su camino sin mover nada, ni las macetas que había en cada uno de los escalones ni el sillón donde se echaba a dormir el gato. Pasó con sigilo frente a la recámara de sus padres y, una vez, en el pasillo de entrada, se puso los zapatos y tomó su chamarra y su gorro del perchero.
En la calle hacía mucho frío y por lo mismo no se veía ni un alma. Sólo de vez en cuando pasaba algún coche o se oía, lejana, la voz de algún borrachín que volvía de la cantina.
Apretó el paso, sabiendo que así se le quietaría el frío. El cementerio estaba lejos.

alma

#FierasAdentro, #AgustínCadena

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