Antes de cumplir los cincuenta años Juan numeró las veces que la muerte había estado cerca de él. Se dijo en la oscuridad de su lecho “¿ estaré destinado a un fin grandioso ?”. Antes de morir tuvo un último hijo, cuya vida fue paralela a la de él y al igual que su padre, presentía que la vida le tenía reservada una gran proeza. Murió de vejez en su cama. El suceso se repitió en muchas generaciones. El último de ellos, Mario, no se cuestionaría tal evento, moriría en la cruz, en las afueras de la ciudad de Roma; pensando que su esfuerzo para la nueva religión “de amaos unos a los otros” había sido inútil.

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