Vi su bastedad. Sobre un acantilado deslice la mirada hacia la playa, las olas mansas; nunca había estado cara a cara; asombra, enmudeces, abruma, empequeñeces ante tal inmensidad. A mi lado el graznido de la gaviota; me extasió ante la marcha de los delfines. Hay agua viva; abajo hay un cuerpo gigantesco que respira. 
Ya regresa el pescador, ya se mira el barco inmenso dragando el suelo en busca de cardúmenes.  
Se fueron los turistas con olas de recuerdo. Dejaron su placer y el desrespeto del lugar donde la vida nació.

mar ugene boudin

Eugene Boudin