—Me tiene hasta la hernia, la voy a matar compadre,
—Para qué, hay otras formas de deshacerte de ella, sin que te lleven a la cárcel.
—Soy todo oídos.
—Simple, hay que fornicarla por la mañana y por la noche y a los tres meses caerá como hojita de otoño.
Tres meses después, lo visita a su casa para saber de primera mano lo que había pasado.. Encuentra al compadre acostado en una poltrona en el patio. Débil, arrugado, flaco.. La comadre silba, se sube a las escaleras, retira las cortinas para darles una lavada y aprovecha para limpiar de polvo los cortineros.
El apoltronado, con voz que se arrastra y entrecortada, le hace una seña al compadre para que se acerca y le dice al oído:
—Mírala , mírala, cómo mueve las caderas y chifla, no sabe que mañana se cumplen los tres meses y se la va a cargar la chingada. Ya no tarda compadre, cuestión de horas.

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