¡Qué puto calor!

zozocolco.2En tres días no habría luz en el pueblo. Había terminado la consulta y pronto darían las dos de la tarde y me urgía una cerveza fría. Quien tenía era la cervecería de Pancho, pues disponía de un refrigerador de petróleo que aún daba pelea. Pensaba decirle a Filemón que me acompañara.Recordé que en la mañana salió con sus mulas. Así que repasaba que amigos podrían estar dispuestos, pero todos estaban en labores. Poco antes de terminar mi horario de consulta, llegó un paciente. Entre el bochorno, el sudor que brotaba de mi testa, le comuniqué, que tenía una gastritis, y debería de tomar su medicina con apego al horario; que tuviese cuidado de no ingerir irritantes. “Nada de Chile, nada de grasa, nada de caña y venga dentro de quince días”
Cerré el consultorio y fui a dar de vueltas al centro del pueblo, con la esperanza de encontrar a un conocido, pues me desagrada estar en una mesa en silencio, nada como algo frío en la mano y una buena plática.

A esas horas, encontré lagartijas, señoras comprando de última hora, ningún amigo. Estaba bajo la sombra de un árbol, cuando pasó el enfermo de gastritis. No lo dejé decir nada. Lo abracé, y pronto charlé como si no lo hubiese visto en años. Él me miraba sorprendido, no dando crédito.

Sígueme, aquí hace un calor que no se aguanta y a empollones lo metí a la cantina, ya sentados pedí dos cervezas, venían chorreando de agua helada y le digo ¡Salud!

—Yo tengo gastritis, no puedo tomar.

—¿Quién dice que no?

-—Pues usted.

—Yo no me acuerdo.

— Me lo dijo hace como una hora.

—¡Qué memoria tengo ¡y qué te dije.

— Que no podía comer, ni chile ni grasa.

—¡Ah! pero la cerveza no es ni chile, ni grasa.

—Pero irrita.

—Bueno, irrita, si está muy caliente, la que tenemos está más fría que una muerta.

— Digamos entonces… ¡Salud!

De dos tragos terminé el contenido y él, temeroso, sorbió un poco, después cerró los párpados y se la empujó de un trago, tomó resuello y me dice:

—Médicos como usted… hay pocos, “¡me cai de madre!”.

Yo no le hacía caso, sólo doblaba mis ojitos para decirle a pancho que me trajera otras dos.

8 Comentarios

  1. Avatar de Stella Stella dice:

    Tan rica la cerveza helada.!
    Un motivo cualquiera para compartirla.
    Lamento mucho no haber estado por ahí, así platicábamos. Por estos lares decimos charlamos..
    Un fuerte abrazo mi querido doctor.

    Le gusta a 1 persona

  2. Amada amiga, vi tu comentario ayer, pero estaba fuera de la ciudad, ahora ya en mi cueva te respondo con la extensión deseada par darte las gracias y saber que t e encuentras bien… Te beso, te abrazo y te doy tus rosas.

    Le gusta a 1 persona

  3. Avatar de Stella Stella dice:

    Tengo un rosal que no es muy grande y se llama » El primer beso» y me acaba de dar 54 rosas..
    Existen los milagros
    Van varias rosas de él para tu querido México

    Le gusta a 1 persona

    1. 54? ufff que rosal tan prodigo, todo se parece a su dueño, das tu corazón a todos, gracias por ser tan afortunado. te beso y te abrazo.

      Me gusta

  4. Avatar de Borgeano Borgeano dice:

    Muy bueno; la vida tiene esas vueltas, es cierto y lo mejor que podemos hacer es tomarlo con calma y sí, con una buena cerveza helada.

    Un abrazo.

    Me gusta

    1. En el pueblo donde hice el servicio social, un pueblo que ya estará cerca de los 400 años, tantos cientos sin luz, Cuando llegó la energía la cerveza encontró acomodo en los enfriadores, pero los del pueblo seguían tomandola «caliente» es decir sin efríar. » Así no sabe, decían.» Abrazo mi buen amigo.

      Le gusta a 1 persona

      1. Avatar de Borgeano Borgeano dice:

        Sí, conozco casos similares. Yo viví en un pueblo de 800 habitantes durante un par de años (en Argentina) y me contaba el antiguo dueño del cine («cine», podríamos decir, un galpón donde se acomodaban unas sillas y una sábana enfrente) que cuando logró construir (él mismo) una máquina continua y así no tener que cambiar los rollos de película, los paisanos se quejaban, porque solían usar esos «intermedios» para tomarse unas cañas en un mostrador que se ponía a tal efecto. Esas historias me parecen deliciosas y creo que deberían escribirse en algún lado para que no se pierdan en la sombra del olvido.

        Un fuerte abrazo.

        Le gusta a 1 persona

  5. Ya entrado, mi madre vivió en una comunidad pequeña en una zona tropical, donde los aguaceros duraban días. El cine que ellos veían lo llevaban los gitanos. Asi que cuando llegaban, sabían que habría función, las buenas personas se iban al río temprano para lavar otras afortunadas tendían su ropa en un árbol que se llama chote, que recortaban y quedaban como pequeñas lomas, allí tendían. En la tarde era la función. Uno de esos días, la gente llenaba el galpón, o bodega… transcurría la película en santa paz, cuando de un instante a otro, en el cine se vino una tormenta, Muchas mujeres se salieron del cine, apresuradas hacia su casa para meter su ropa y resguardar, para que no se mojase.
    Historias que seguramente se olvidarán.. Gracias mi buen. Abrazo grande.

    Me gusta

Replica a Stella Cancelar la respuesta