Érase una vez...

Llegando al puente más alto, un joven que no pasaba de los 30 se detuvo a observar las aguas caudalosas del río. Esa noche había tomado una decisión que nadie además de él aprobaría y para asegurarse de que había escogido el lugar correcto para llevarlo a cabo, se recostó en la barandilla y observó con ojos rojos y llorosos el comportamiento del río que se convertiría en su tumba.

Seguro de que todo marcharía bien; trepó la barandilla y permaneció en pie del otro lado, apoyándose en un pedazo de concreto con espacio suficiente para sentarse, agarrando con fuerza las barras de metal para no caer antes de tiempo.

¿Caer antes de tiempo? ¡Eso era estúpido! Estaba decidido, se lanzaría al río de todas formas, pero tenía miedo y eso hacía que se aferrara a la barandilla. A pesar de ser una noche con luna llena, el río bajo…

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