El mejor día que tuve, fue cuando una señora de mediana edad, me vio comprando víveres.
– ¡Doctor! volví la mirada y frente había una señora menor de cuarenta años, con una niña de diez o doce años a su lado.
– ¡Mira al doctor!, conócelo. -La niña me vio cómo preguntándose y… ¡éste qué! Con el respeto que la señora merece, no recordaba quién era ella, y mucho menos la niña.
-¡Qué esperas, ve y abrázalo! -La niña más por la orden, se acercó a mi y me dio un abrazo tímido. Que correspondí con igual efusividad. Seguramente la señora percibió en mi rostro, el rostro del olvido.
-¿Ya no se acuerda médico? solo moví la cabeza dándole la razón. Venía sola del rancho, ya era de noche y mi hija apenas si podía respirar y yo no se que le hizo, puso sus aparatos, le ayudaba con sus manos y no sé que inyectó, pero una hora después la cara de ella cambió y pude tomar el camión que me llevó a la comunidad. Desde entonces ya no se ha enfermado. La mujer de rostro cobrizo se acercó y me dio un beso en la mejilla, sentí la humedad de su cara y un gracias resonó en mi oído. Nunca la volví a ver.

 

cuadro de Navia

  • Hoy en México se celebra el día del médico.