DE LA TÓMBOLA DE FICTICIA
El poeta miró toda la tarde la fuente y sólo vio en ella lluvia y pereza. Era una hermosa escultura de mármol enmohecido, cuyas vetas grises se estremecían. Vio el guiño del sol rebotando en el agua y sus alfileres dorados persiguiendo a los peces.
Fue a su rescate. Se metió vestido en el estanque e intentó salvar de las agujas a los peces asustados. Forcejeó con la luz, luego con los enfermeros y, más tarde, en la habitación, con las descargas eléctricas.
De noche atisbó unas sombras que acudían al encuentro de la suya. Flotaban contra la pared los oscuros peces, formando a su alrededor un silencioso estanque nocturno. Se zambulló en sus aguas, dichoso, y nadó en ellas hasta la llegada del sol.

fuente

Berta Sileno