LA PASIÓN: SEGÚN FICTICIA
(Artículo publicado por la Dra. Dolores M. Koch, en «Revista Hostos Review. de la City Universty of New York, No. 6: Antes y después del dinosaurio: el microrrelato en América Latina.»Mayo 2009 )
Alfonso Pedraza Pérez.
Creador y coordinador del
Taller de minicuento de Ficticia
ABSTRACT
Trata del nacimiento, evolución y logros en seis años de actuación del taller de minicuento de www.ficticia.com. De su razones de existir, sus frutos y los principios que infunde entre sus participantes.
EN EL PRINCIPIO…
El nacimiento del Taller de minicuento, del portal de internet Ficticia (http://www.ficticia.com), es resultado de un cúmulo de pasiones, casi al grado de lo orgiástico. Nace por satisfacer, contagiar y divulgar la pasión por el texto breve, la recreación de lo real o de lo fantástico, y la belleza de la palabra[2]. Los ficticianos (nuestra nacionalidad virtual) hemos actuado en reacción, como lo hacen las ONG (organizaciones no gubernamentales); a iniciativa propia, con la complacencia de los propietarios de la página y la ayuda de muchos expertos y escritores del género, ellos a su vez nos propagan y acicatean este virus.
Los tiempos modernos de la electrónica parecen haber sido creados a propósito para ello y la pantalla de la computadora el medio idóneo para leer minitextos. Los espacios fragmentados en que nos desenvolvemos en la vida actual también contribuyen. Lauro Zavala afirma: “Tal vez el auge reciente de las formas de escritura itinerante propias del cuento brevísimo, y en particular las del cuento ultracorto, son una consecuencia de nuestra falta de espacio y de tiempo en la vida cotidiana contemporánea. […] también este auge tiene relación con la paulatina difusión de las nuevas formas de la escritura, propiciadas por el empleo de las computadoras.”[3]
Esta reacción no es privativa de nuestro medio, tenemos noticias que en tiempos paralelos, se ha presentado un auge en la práctica de la minificción en países lejanos y de idiomas diferentes al español, la lengua materna del minicuento, como lo reconocen en Japón y Corea. La Dra. Koch escribe: “Yu Honma estaba tan fascinado con los micro-relatos, que desde 1998 los escribe y publica en su sitio en la Red. Pronto organiza concursos mensuales, y forma un club de aficionados ( www.jali.or.jp/club/honma )”[4]. Yu Honma a su vez confirma “Para mí el modelo de microcuentos está en Hispanoamérica y el problema es cómo fijar el microcuento como género en la literatura japonesa.”[5]
¿Acaso son los tiempos y no los lugares, ni los idiomas, los más propicios para decir mucho y de la forma más bella, en pocas palabras?
DONDE SE EXPONE COMO CONTACTÉ CON DIOS:
¿De verdad sólo tenemos tiempo en el mundo actual para escribir y leer minificciones? Sandra Lorenzano[6]
En la adolescencia, me encontré con la revista “El Cuento. Revista de la imaginación” en los puestos de periódicos cercanos a la escuela preparatoria. Fue mi primer contacto con la minificción y caí en el embrujo de los textos con pocas palabras. La Minificción, como una entidad definida o como un fin de la escritura. Precisamente en esa publicación fue bautizada con tal nombre como lo afirma Edmundo Valadés: “el cuento breve o brevísimo no ha merecido ni recuento, ni historia, ni teoría, ni nombre específico universal, […] salvo los que desde la revista El cuento le dimos de minicuento o minificción, y que han ido generalizándose”[7]. De esa magnitud era la importancia que se le daba en esa publicación hoy tan memorable.
En ese tiempo, a más de disfrutar la lectura de verdaderas antologías en las que consistía cada número de la revista, reservaba un tiempo para examinar sus editoriales; artículos siempre interesantes sobre el quehacer y el ser del cuentista. Y, en forma por demás meticulosa, regocijarme del correo del lector, pues en ellas, Edmundo nos transmitía perlas de sabiduría en forma de consejos prácticos y bienintencionados. Era una guía lejana, escasa, sin embargo valiosa para los que, como yo, habíamos caído en el encanto de decir mucho con pocas palabras, de decir todo con apenas insinuaciones, de expresar las cosas con precisión y belleza. Si bien, con relativa frecuencia, su mensaje era directo para decir que el texto analizado no era un minicuento. En ese momento surgía la excitación de descubrir entre sus líneas el quid del asunto. ¿Cómo es posible que un aviso de ocasión en un diario, una misiva personal, un cuasi chiste, eran un minitexto literario? ¿Por que con pocas palabras, en escuetas palabras, muy a menudo carentes de elocuencia, de la retórica acostumbrada, se podía fascinar al lector?
El misterio se develaba a cuentagotas. La publicación de cada número de la revista significaban meses enteros de espera, en ocasiones aparecían a la venta únicamente dos o tres números al año. Un tiempo de espera muy prolongado. Para poder relacionar una crítica y conocer el texto que analizaba debíamos esperar en números subsecuentes su aparición. O revisar números anteriores para recordar y dar el aval personal a un texto con un veredicto de “ganador”.
Trascurre el tiempo, a inicios del presente milenio, aprendí a conocer el mundo de la red virtual mundial a través de sus buscadores. Hice mis primeros intentos con las palabras cuento y minicuento y ante mis ojos aparecieron como por magia, cientos de páginas dedicadas al tema. De eso a encontrar foros de participación directas bastó un instante. Intenté militar en varios de ellos. La mayor parte tenían escasa participación.
Un día tropecé con www.ficticia.com y su foro de acceso abierto “Puerto Libre”. Como ciudad costera y cosmopolita, recibía visitas de ficticianos que contactaban de diversos países de América y Europa. Amparado en el anonimato que ofrece el Internet, empecé a insertar algunos minitextos; escritos bisoños que recibían comentarios casi instantáneos. Hice amistad con el grupo y llegue a ser un parroquiano más del sitio. Era una especie de club de amigos donde los halagos y palmadas al hombro no se escamoteaban. Las minificciones, las “minis”, como les llamamos de cariño, se mezclaban con cuentos de extensión normal y otro tipo de escritos.
Recordando el espíritu de mi querida revista, un día contacté con el “Dios”[8] de Ficticia (“Dios” en realidad es una santísima trinidad: Dios Padre; Marcial Fernández. Escritor y editor que se ocupa de lo literario. Dios Hijo; Raúl José Santos. Ingeniero en sistemas que se ocupa del buen funcionamiento de este mundo virtual. Y Dios Espíritu Santo; Mónica Villa. Fotógrafa y traductora. A su cargo está la imagen del sitio), le escribí de mis pretensiones de estimular la escritura y el conocimiento sobre la minificción, y como todo ser divino y complaciente[9], también un consumado minificcionista, no sólo permitió crear un club con el pretencioso nombre de Taller de Minicuento; sino que gracias a su poder infinito concibió un lugar especial en el portal al que llamó “Marina. Espacio dedicado a las minificciones de los navegantes. Taller participativo”[10].
Con respecto de la instauración de la Marina, la Dra. Laura Pollastri afirma: “Llamativamente, la creación del lugar exclusivo para la minificción responde a una interacción entre el público y los creadores de la página [se refiere a ficticia]: el lector interactivo se abastece de un espacio específico para algo que advierte como singular en el vasto campo de la narrativa breve, y como necesario en el universo literario de la red.[…] Nacida fuera de las pantallas de PC, la minificción se articula e interacciona en ella como un lugar natural del universo informático.”[11]
DONDE HAY REMEMBRANZAS DE LOS PRIMEROS PASOS DEL TALLER:
De los puertos se parte y a los puertos se llega. Navegantes somos y en la mar del cuento andamos. Agustín Monsreal[12]
En Julio de 2001 inicia el foro Marina, donde reside nuestro taller. En el mensaje de bienvenida se mantiene el ambiente portuario y náutico. El olor de mar. Ámbito mediante el cual Ficticia abre sus puertas (Puerto Libre y Marina) a los visitantes que inician o mejoran sus haberes literarios.
Lleguen las gaviotas, vuelen atisbando todos los rincones. Los lobos de mar a reposar sus accidentadas travesías. Los curiosos turistas ávidos de sorpresas y recuerdos. Los noveles grumetes a perfeccionar sus artes. Los bucaneros indómitos a buscar tesoros y camorra. Los nativos a edificar nuevos refugios y formar nuevas alianzas. Lleguen todos a poblar esta tierra virgen. A dejar huella.[13]
En ésta primera etapa del taller, se estimuló la participación mediante eventos de concursos. El incentivo, que implicaba competencia, fue bien recibido en el pequeño círculo de amigos. El grado de privacidad y de reserva que da el internet, además del libre acceso al foro fueron determinantes.
Convocábamos cada diez días a un concurso. La periodicidad elegida, fue resultado de la necesidad de agilizar la práctica de la escritura de minicuento. Diez días, porque para la creación de un minitexto se requiere, de inicio, un proceso mental, posteriormente una primera escritura y una o más revisiones antes de su publicación en el foro[14]. Tampoco un lapso mayor, porque se pretendió que la participación fuera dinámica y la práctica de la escritura considerada como un trabajo constante, un ejercicio persistente; como la resolución de un problema (el tema o ejercicio que se propone en cada convocatoria). En contraste, como afirma Héctor Alvarado, cuando se está en el mundo real, fuera del taller, el tema o propósito lo elegirá el escritor. “Entonces, escribir un cuento es escoger un suceso que puede ser único, concreto y cerrado cuya peculiaridad permita desarrollarlo como ficción,»[15].
Conscientes de los limitados conocimientos que sobre el tema teníamos en el grupo, desde el inicio publicamos un boletín para cada concurso. Elegimos artículos sobre el cuento y minicuento, análisis sobre su escritura y consejos de celebres escritores que iban de Rulfo a Dolores M. Koch, de Cortázar a Lauro Zavala, de García Márquez a Violeta Rojo, del conocimiento de Guiones de diálogo a las cacofonías y aliteraciones, y así lograr un consenso y un nivel de conocimiento que nos diera, además de lo lúdico, armas para lo artístico. Se enviaron por e-mail a cada uno de los ficticianos que lo solicitaban.[16]
Esto constituye, en nuestra historia del taller, la etapa de la crítica doméstica. Nuestros jurados fueron los mismos ficticianos, los más experimentados y reconocidos. Se llevaron a cabo diecisiete concursos en seis meses de funciones. En poco tiempo se empezó a notar la necesidad de recibir consejo y crítica de verdaderos eruditos del género.
SEGUNDA ETAPA DEL TALLER: ENTRADA AL MUNDO REAL DE LA MINIFICCIÓN
Con mis textos breves persigo la agilidad y la concisión máxima en la forma de narrar, de traducir simbólicamente el mundo. Julia Otxoa[17]
La necesidad de conocer el real nivel de calidad de nuestros escritos nos hizo buscarla en la ayuda de expertos en minificción. Invitamos al Prof. Lauro Zavala quien nos abrió el mundo real de ella, y con su aval, el contacto con los principales especialistas del género[18]. La participación aumenta considerablemente en cada concurso. Hasta cincuenta minitextos en cada evento. Los jurados se hallaron en apuros. Nos manifestaban la dificultad de enviar una crítica o comentario a cada uno de los participantes en únicamente los tres días de plazo que les asignábamos para dar su veredicto. Fue necesario restringir a un solo texto por participante y por concurso, aunque esta medida fue solo un buen deseo; se podían utilizar nombres diferentes y participar con otros textos. Éste incremento en la concurrencia nos revelaba la gran apetencia de participación, no obstante la capacidad de atenderlos se percibía restringida.
En ésta segunda etapa la crítica es externa y de calidad, pero el taller aún no funcionaba como uno verdadero. Tuvo una duración de seis meses y llegó a su fin con el concurso XXXVI (1er. aniversario)
LA MARINA.
Todo escritor que crea, es un mentiroso; la literatura es mentira, pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación. Para mí lo primordial es la imaginación. Juan Rulfo [19]
La dificultad que causó atender la creciente participación en los concursos precisó cambiar la estructura, una que funcionara como un verdadero taller virtual. De entre los participantes más animosos se seleccionaron una veintena, aquellos que ya mostraban conocimiento teórico y práctico en la escritura de minificciones, acaso por a la experiencia obtenida en participar en numerosos concursos o debido a la instrucción obtenida mediante el análisis de los boletines. Con este grupo de personas se crea la tripulación de la marina, los que hasta el momento actual realizan las labores más dedicadas, más delicadas; examinar los textos y prodigar opinión y consejo a los autores participantes.
Los certámenes son mensuales. Los primeros veinte días de participación se destinan a la recepción de minicuentos. Un tallerista para cada uno de esos días atiende la marina: lee, analiza y enjuicia cada una de las “minis” que solicitan participar. Comenta e instruye a cada autor en el mismo foro en los siguientes días. A partir de que existe esta modalidad, cosa atrayente, los participantes interesados pueden revisar cada uno de los comentarios y recomendaciones que el tallerista ofrece durante la jornada, no sólo los de sus propios textos. De esa forma pueden hacer un seguimiento de la depuración y progresión de cada minicuento.
Otro de los nuevos aspectos del taller, es que ahora ya es posible participar cotidianamente. Para los ficticianos prolíficos es una bendición tener hasta un texto por día esperando crítica. Para otros, aquellos que no han sido seleccionados en su día de participación, la oportunidad de volver a concursar, con otro tallerista y con el texto ya retocado con los consejos que recibió en el primer intento. Estas ventajas son convenientes para hacerle comprender al participante asiduo que un escritor formal, no espera el llamado de las musas, escribe sus obras de calidad en base al trabajo continuo. Rulfo lo mencionaba, “Cuando empiezo a escribir no creo en la inspiración. El asunto de escribir es un asunto de trabajo”[20].
El carácter de concurso continúa. El tallerista (tripulante) elige de entre los participantes de su jornada, uno o varios textos participantes que a su parecer tienen calidad y merecen ser mejorados. Entonces, autor y tallerista comunicándose vía correo electrónico, pulen y aderezan el texto hasta su total satisfacción, y en el día veinticinco del mes la vuelven a publicar en el foro en la denominada “Muestra mensual”. El total de minis seleccionadas en los veinte días de tallereo son sometidas al mismo procedimiento.
Por último, dicha muestra se envía al jurado mensual para que elija la(s) mejor(es). Su dictamen nos indica qué mininitextos tienen el privilegio de aparecer en un lugar de honor, en la cabecera de la Marina, cuya permanencia cambia en forma aleatoria cada día.
Los temas o problemas estilísticos a resolver en cada concurso son, hasta el momento actual, elegidos por los jurados en turno, como una forma de estandarización de los textos y su evaluación sea más asequible. Al cabo de los seis años de actividades la diversidad en el listado de temas acaso merece un estudio aparte. De los generales de amor, dios, o locura, a los específicos como la masturbación, el estornudo, el ombligo. De la metaficción ultracorta y los ejercicios de estilo a textos de Alfonso Reyes, a utilizar las curvas cónicas y los zaparos rojos. De las pesadillas a variaciones de proverbios. El ingenio y voluntad de recrear lo real y crear lo fantástico no es privativo de los participantes, también lo ha sido de los jurados.
Otro punto importante en los objetivos del taller es la crítica, la que se da y la que se recibe. Para ambas es indispensable el aprendizaje y la madurez que da la práctica. Ha sido la parte más difícil de desarrollar en el taller. Pasar del halago fácil o la descalificación sin bases a una crítica concienzuda y razonada se ha logrado, más no se ha generalizado
En esta etapa actual del taller, ya se aplica una crítica doméstica instruida, respaldada por jurados que tienen renombre y calidad.
Y DESPUÉS DE TODO ¿QUE?:
La brevedad es un futuro. Un relato que no ha sido narrado del todo está lleno de futuro. Yu Honma[21]
El portal www.ficticia.com está destinado al género literario del cuento. En exclusiva al cuento actual en español. Su antología alberga cientos de cuentos, en su mayor parte cuentos breves. Está repartida temáticamente en cada parte de la ciudad virtual, (como el panteón, el hotel o cantina) aunque puede accederse también por autor. En cada actualización se agregan nuevos escritores de varias partes del mundo, aunque no sean hispanoparlantes, pero que escriben en español.
En este portal gratuito, se incentiva la participación del visitante por medio de sus foros abiertos. Puede uno publicar algún texto, de forma directa e instantánea. Desde ese momento, el escrito empieza a recibir comentarios de otros visitantes destacando sus méritos o fallos y uno a debatir con ellos. Este intercambio es indefinido y pueden cruzarse innumerables puntos de vista para defender o criticar cada punto literario o extraliterario, hasta que el convencimiento o cansancio de alguno de ellos lo permita. Hay tres foros para este fin: El café literario, para el intercambio de temas y asuntos literarios. El puerto libre, donde se pueden insertar cuentos, leerlos y criticarlos. La Marina, espacio de Minificciones. Su formato sólo recibe textos de cerca de media cuartilla. Es uno de los foros más activos en cuanto a participación.
Su taller de minicuento creado en Julio de dos mil uno, en seis años de actividades continuas ha recibido miles de minitextos, cuya extensión raramente ocupa la máxima destinada, durante casi cien concursos: Treinta y seis decenales de la primera y segunda etapa y sesenta concursos mensuales en los cinco años de la tercera etapa. Significan mil doscientos días de tallereo, con un promedio de quince minis recibidas por día, una estimación de ¡diez y ocho mil minis! Esto significa, como lo indicaba muy al inicio, un sinnúmero de pasiones mezcladas, encadenadas, instigadas de uno al otro, entre cientos de participantes: Escritores aprendices de la escritura del minicuento, decenas de talleristas[22] y jurados[23] que han otorgado, con agrado, su tiempo y conocimiento desinteresados.
Por fuera del foro, han sucedido también muchos felices sucesos que ostentar: Se han publicado un ciento de minificciones en La Jornada Semanal, suplemento dominical de uno de los diarios más prestigiados de México[24]. Algunos más en revistas literarias[25]. Han sido elegidos varios textos para antologías de minificción[26], y otros para artículos referentes al género[27]. El taller tiene el gozo de haber sido tema de un artículo de la Dra. Laura Pollastri: DEL PAPEL A LA RED: LUGARES DE LEGITIMACIÓN DE LA MINIFICCIÓN, ya citado con anterioridad. Algunos ficticianos publicaron libros en editoriales y otros, por su propio esfuerzo, en ediciones particulares, sin menoscabo de otros que tienen sus páginas en internet.
Todos estos logros no nos hacen olvidar que el primigenio interés, la razón de ser de la existencia del taller es que se difunda la escritura y lectura de la minificción.
El espíritu del taller además trata de promulgar:
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Que la creación de un minicuento es fácil. Mas, como lo es también en otros ámbitos, escribir “minis” que posean calidad literaria no lo es.
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Que es una forma de escribir, de transmitir lo que no puede ser expresado en una novela o en un cuento.
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Que las minificciones no son poesía aunque en ocasiones lo parezca (Un maestro mexicano de cuento, el Prof. Rafael Antúnez, se refiere al cuento en general como la poesía más difícil, la más complicada, pues no recibe ayuda de la métrica ni de la rima, cada línea nace sola, sin la ayuda que le dan en la poesía, una línea a la siguiente, esas figuras retóricas).
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Que el minicuento o minificción, es un texto breve que concentra intensidad y belleza.
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Que se leen en un instante, se releen en un momento, y se reflexionan por mucho tiempo más.
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Que éstas, son el resultado, en la mayor parte de los casos, de una idea que nace y se desarrolla mentalmente pues cuando se toma el lápiz o el teclado para escribirla, ya se tiene en la mente, la totalidad de la estructura de lo que se quiere narrar.
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Que en la minifición lo básico es la acción, la cual se privilegia incluso a la presencia y detalles del protagonista, su entorno y tiempo.
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Que es muy frecuente buscar un final sorpresivo, así el desenlace ocurra en lo absurdo o paradójico.
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Que la brevedad de un minicuento no es el punto primordial de su calidad literaria, y es resultado de podar lo superfluo, lo que no es necesario para transmitir la idea central del texto.
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Y que ésta brevedad nace también del buen lector de minificciones, al evitar darle situaciones, datos, o acontecimientos que debe conocer. Ya que, a menudo, dice (callando) mucho más de lo que se les puede leer.
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Que el trabajo de corrección es largo, y consiste en rectificar palabra por palabra. Que no existan accidentes gramaticales, más de los que uno intencionalmente coloque. Que no sobre ni falte una sola palabra y las que contenga estén perfectamente escritas y en el lugar debido.
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Que leer un texto de autor desconocido y poder catalogarlo como obra literaria es cuestión de criterios, pero impera el conocimiento, en muchas ocasiones del sentimiento propio que se tenga para valorarlas.

