Hay días que vuelven, brotan a la vera del camino sin que lo esperes. El tronco liso de ayer, hoy es un jardín de hongos. La memoria viajera te lleva al sitio.

Me instalo entregado al vaivén de una cabellera que se mece frente a los ojos, la lluvia escurre sobre mi pecho mientras aupaba tus glúteos. Tu tórax sibilante, la quilla de tu sexo que desprende aromas de ola extendida.