Todos a una. Enfrente de la pared mojada.
A ver quién más alto, a ver cuál más largo. Juntos y revueltos.
Las patadas al balón: con mucha enjundia.
Después, sudando a mares y, con el cuerpo chorreando,a comprarse un helado. En pandilla.
El tendero que les persigue porque alguno no ha pagado.
Dejan en el camino risas o la voz varonil de uno que ya ha cambiado el timbre.
Se acercan las chicas. La cuadrilla se gira a explorar escotes profundos y cinturas entalladas.
Él, entre los demás se sabe distinto y aunque disimula, solo tiene ojos para ellos.

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