Hago a un lado tu sombra.
Sonrío de la seguridad que manifiestas cuando charlas sobre el amor
percibo tu latido saltón.
En soledad tu rostro vuelve a sus inicios,
en tus ojos vive aún la niña
Me complace platicar con ella.
Te cuento del señor del bongo que percute en tu vientre;
son los tambores de la vida. te digo.
En la cama te arropo,
en tu remanso de sueño
soplo a tu corazón para que seas fuerte;
los dos sabemos que los paisajes cambian.
Mañana no me verás,
aunque sé que preparaste la cena.
No desesperes, siempre estaré entre tus hombros.
Y cuando sea lejano recuerdo porque te refugies en otro abrazo,
partiré en silencio.


Precioso poema, Rubén.
Abrazos.
Me gustaLe gusta a 1 persona
Gracias por venir querida amiga. Abrazos y rosas
Me gustaMe gusta