Abierto, franco, dicharachero, simpático para el alumnado, el maestro de la secundaria daba varias asignaturas en grupos numerosos; había que hacer exámenes mensuales. Algunos se preguntaban ¿de dónde sacaría tiempo para leer y calificar tantos?
La hipótesis más aceptada consistía en que después de una fiesta, dormitaba. El grueso de los exámenes los tenía en el buró, acercaba el fajo al pecho. Con los ojos cerrados los tiraba hacia arriba. Los que caían en su cuerpo eran los dieces y nueves, los que encontraba en la cama, andaban entre el ocho y siete, los que podía tomar con la mano del piso eran los seises y los que no podía tomar, reprobaban.
fuente: cotilleo de los estudiantes en los pasillos.estudiante Emilio Centurión