Siempre me habías lavado la ropa, pero desde que me abandonaste tuve que aprender a hacerme la colada. Utilizaba un programa de agua caliente, y mis pantalones y jerseys encogían tanto que parecían de bebé. Un día me olvidé un billete de cincuenta euros. Después del centrifugado se convirtió en uno de cinco. El día que me dejé el móvil recogí un celular diminuto, del tamaño de un pulgar. En otra ocasión la lavadora convirtió un balón de reglamento en una canica insignificante. Decidí meter una novela. Cogí una al azar de la estantería: “Parque Jurásico” de Michael Crichton. Tras el programa de lavado salió el cuento del dinosaurio de Monterroso. Hoy me metido yo dentro de la lavadora. Te escribo esta nota con el corazón encogido. Al menos ya he superado lo nuestro.

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