Asiduo a los cafés escribía en servilletas. las veces que venía una idea. Algunos garabatos, en otras el papel quedaba en blanco. Se fueron acumulando como los años. Ocasionalmente revisaba lo escrito, balbuceaba una poesía, o algún pensamiento. Era para tirar al cesto, sin embargo no lo hice. Los amores y desamores llegaron, o se iban.  Cruzando la emoción con alguna idea, daba como resultado un texto flaco, sin color. El tiempo abulta tu corazón en experiencia, en limpiar la frase, afilar la palabra y rescaté uno que otro texto que ya tiene luz propia.
Es cierto las mejores ideas como pájaros volaron por no tener una jaula. Las que quedaron con tiempo y perseverancia se fueron transformando.
No tire lo escrito. Lo escrito no cambiará, pero seguramente su corazón, constancia, paciencia y pensamiento sí.

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