La diosa, parada en su pedestal y cubriendo sus hermosas formas con una túnica traslúcida, descendió del Olimpo. El mortal, al verla, quedó tan prendado de su belleza que se sintió flotando en el espacio. Seguro de sí mismo le declaró su apasionado amor. Ella, ofendidísima, con una mirada de desprecio, le puso los pies en la tierra.

Tomado de Ficticia.com

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