Los entresuelos del pueblo, terrosos, agrietados colmaban el camino de quejidos. Sudaba y los pulsos del pensamiento brincaban. La nada podía intuirse entre la sólida niebla. Olía el silencio; en los pinos de la montaña nacía un verde herido por sepias antiguas.

Nocturne en negro y oro, por James Abbot

Mi ausencia ahora se debe a un problema con mi PC.
Como siempre, es un regalo tu post.
Un abrazo muy fuerte mi querido doctor.
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Me gusta que haya sido por eso, y que te encuentres bien, saludable, bella y amorosa con quienes te rodean física y virtualmente, te abrazo y te doy de besos querida amiga.
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