Había dos temporadas malditas: los aguaceros y el frío. No podía jugar con los amigos en la calle.
llegar a la escuela era calzarme botas de hule, cubrime con impermeable. Media hora a pie. En las calles se hacían lagunas que cruzábamos. ¡Qué placentero meterse y chapotear el agua! El impermeable estorbaba, más de una vez disfruté las gordas gotas sobre mis brazos, percibía la rueda húmeda de la lluvia. penetrando por mi cuello. haciéndome exhalar un suspiro cuando la chorrera caía brutal por mi nuca.
-¿Porque vienes tan mojado?
– Estaba fuerte el aguacero, me descuidé y una chorrera gorda cayó en mi espalda.
– ¡Pues te vas a bañar y te metes a la cama y no te levantas hasta mañana!. Un te de limón con canela,  el calor de la cama y el reposo te hará bien,
. En la cama me hacía bolita y la oreja se prendía en la chorrera de la casa que caía continua sobre el tejado y en su caída despertaba sonidos de bongó  en la hoja del plátano.

 

paisaje 1 Carlos Scafino

Carlos Scafino.