La televisión era un bicho raro, después de la escuela, en calles de barro y yuyos jugábamos a las canicas, el trompo y cerca de la noche a las escondidas. Recuerdo el resplandor de los quemadores alimentados por el gas, que parecían gigantes de lumbre que se mecían con el capricho del viento. Luz. daban mucha luz que permisiva nos permitía retozar en calles de lodo, piedra, zacate. Cuando mamá gritaba mi nombre, sabía que era hora de despedirse, cenar ; bañarse a jicarazos y meterse dentro de un asfixiante pabellón para librar la enjundia de los moscos.

Un viejo ventilador daba batalla al bochorno; pelea perdida.

quemadores

 

 

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