No cometí el error, esta vez quedé inscrito muy cerca de donde tenía mi departamento. En quince minutos estaba en el hospital, llevaría el segundo curso de neumología. Conocí a mis compañeros, había más mujeres que varones, El titular era un maestro que peinaba arrugas y canas, con voz apagada nos dio la bienvenida. Dijo las cosas que se dicen y nos presentó al adscrito de apellido Negro, quién realmente nos daría el curso. Al titular solo lo vi esa vez y en el exámen final, teniendo a su lado el adscrito..

El Dr Negro, de cerca de los treinta años, , bigote fino, hoyuelos al reírse y de lado derecho una verruga color vino. Caminaba como si corriera, saco blanco, corbata oscura, y ojos juguetones que iban y venían por el salón, deteniéndose en las compañeras. Los hombres nos veíamos a hurtadillas. El maestro se presentaba con ropa de quirófano, llegaba disculpándose, por no tener tiempo de cambiarse. Cuando una compañera no comprendía, él se acercaba, daba explicaciones con detalle y terminaba dándole golpecitos en la espalda con cariño. Si un hombre solicitaba, te atendía con indiferencia, su voz se hacia sonora y terminaba con una frase ” Ya sabes lo que les pasa a los que no estudian”

El curso era sólo de tres meses por la mañana y había que regresar por la tarde para realizar las historias clínicas que él pedía como trabajos. Siempre había altas, unas por voluntad, otras por defunción. La mayoría eras casos de tuberculosis. El trato frecuente con los hospitalizados permitía que algunos de ellos nos invitaran a compartir el alimento. Sabíamos que tenían tuberculosis y aceptaba estar a su lado y compartir el pan con una que otra broma.

Caótico eran los lunes. Conocía a la mayoría de los internos y era de pesadez, caras largas, sollozos. Alguno de los enfermos había dejado un lugar. Permanecía en silencio y pasado el trago amargo volvía el ambiente laboral a la normalidad. La cama era  ocupada por otro paciente.
LLegó el examen final. Nos reunieron en el salón. Sería oral, cinco preguntas y entrevistarse con un paciente, dar el diagnóstico, tanto clínico como radiológico. Se pasaría de acuerdo al orden de la lista. Mis compañeros sacaron sus apuntes, yo me fui al pabellón de los enfermos.
Cuando pasé, estaba el titular de la materia con una bata blanca impecable y una corbata negra. y el maestro Negro,  vestido con el pantalón de quirófano, calzando un saco blanco.
. ¿Y que me dices de él? -se refería a mí -dijo el titular de la materia.
– Ahora le comento, primero que vaya a explorar al paciente de la cama ocho. Tiene quince minutos, me ordenó.
– Gilberto que así se llamaba, tenía como todos una tuberculosis pulmonar, pero se le añadía dos más, El corazón lo tenía hacia el lado derecho y lo otro era una preferencia sexual.
Regresé con el jurado, expuse los hallazgos clínicos y coloqué las radiografías en el negatoscopio.
– Ya vio Dr, lo que le dije, no sabe poner adecuadamente una radiografía. No merece ser aprobado.
– Profesor, las radiografías están colocadas correctamente. Tal vez el Dr. Negro no recuerde que el señor Gilberto, tiene una dextrocardia y por eso las radiografía debe de colocarse al revez.
El titular se le quedó mirando al adscrito y sin decir nada me dio la boleta de aprobado.
Me despedí de los amigos y fuí al área de hospitalización.
Gracias Gilberto, por decirme que tenías el corazón del lado derecho y estaba por retirarme.
Dr ¿y no cree que sea por eso me gusten los muchachos?
Tal vez Gilberto, tal vez y me retiré diciéndome, ya falta menos.

radiografía-pulmón