Joven, morena,ojos de paloma, cejas negras que se tocaban a la mitad de su cara oval.

-Doctor, la paciente de la cama doscientos veinte está alterada. Puse cara de estúpido, ella debió darse cuenta y sonrió “vamos a revisarla”.

La paciente daba la impresión de estar siendo golpeada. Del carrito sacó un par de guantes . Mi torpeza debió ser evidente para calzármelos, así que sacó otro par, seguramente los había contaminado, ella, sonriente, exclamó “perdón, estos sí son del tamaño de sus manos”. me puse a sudar tanto como la paciente; “los pinches guantes no calzaban bien en mis manos”.  le habló con cariño a la mujer y ésta empezó a tranquilizarse. Pude al fin meter mis dedos dentro de la cavidad vaginal,( mi segunda vez) una vez dentro, sentía  blandito y calientito. La enfermera preguntó:

-¿Cuánto tiene de borramiento?

Me quedé callado, volví a meter mis dedos. Ella se puso unos guantes con una facilidad que me hizo sentir pigmeo. Hizo tacto y en confidencia “tiene como un ochenta por ciento y tres de dilatación”. Toqué, toqué de nuevo, y seguí sus consejos. Lo oscuro se hizo claro.

Han pasado los años, pero la memoria de mis yemas sigue fresca, si en este momento hago tacto a una señora en trabajo de parto, diré cuánto tiene de dilatación , pues la yema de los dedos nunca olvida.

Tampoco la olvido a ella.

Santiago Rusiñol. 1894-la-morfina