¡Qué silencio!
Los dos sabíamos del adiós.
Ella está en la ventana,
mirando el carro
donde pronuncié su nombre…
Voy a cien kilómetros por hora
las espigas de la hierba
se mueven con el viento.
¡Golpeo el volante!
me pregunto:
¿Los adioses son para mí
o para el viento que pasa?
¿Tienes cómo yo,
una lágrima que escarba la mejilla?


Muy poderosos versos.Con mucho fuerza y movimiento.Felicidades RUBÉN.
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Gracias Pepé, reviso mis viejas agendas y encuentro la idea y sale esto. Abrazo y bello domingo tengas.
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