Me dijeron que por aquí estaba Pancho. Me ha costado trabajo divisarlo por la lluvia, porque está envuelto en un plástico que lo cubre del agua. Inmóvil, a veces se lleva a la boca su cigarro que protege con sus dedos. Está en la esquina porque le permite divisar dos habitaciones. Increíble, parece estatua sólo mira, no hace caso del frío, ni de los alfileres del agua. Es el referí de una apuesta harto rara entre dos conocidos como guapos o divos de las damas que trabajan en la zona de tolerancia. Ver quién tiene más orgasmo con una mujer. El ganador tendrá el reconocimiento de la comunidad.
Me regresé, estaba el tiempo húmedo, helado y un caballito de tequila haría volver el calor perdido, con el cantinero platiqué de la apuesta que se estaba llevando a cabo. Cada uno se metió al cuarto con una muchacha. Pancho diría quien había sido el ganador. El cantinero entre el barullo y la música tropical me fue diciendo cómo llegaron a apostar.
Pancho siempre vestía de blanco, con botas y sombrero, todos lo conocían porque era hombre serio y de palabra. En realidad, el venía a convivir con los amigos y de vez en cundo sacaba una muchacha a bailar, era raro que se pasara de copas y que se le conociera mujer. De vez en cuando invitaba a alguna de su preferencia, pero antes la llevaba a cenar, aquí al lado con Doña Carmen, nadie cómo ella para hacer tortillas y degustar un chileajo en carne de puerco y una cerveza. Por eso fue escogido para que sirviera de juez.
 Tres horas después y empapado de sus ropas y pidiendo un fuerte, Pancho dio el nombre del ganador y desde ese momento,  jacinto un hombre de mediana estatura morocho sin llegar a negro y con una melena  rizada  y con rulos que se le resbalaban bajo la frente se le conoció como el cinco palos.
Intrigado, le pregunté al de la barra, que cómo se había dado cuenta que uno se había aventado cinco y el otro dos. El barman, que traía un sombrero de buena calidad y con patillas que le llegaban a la mandíbula, con el cigarro en la boca, me dijo que eso era fácil. Las muchachas cuando el sujeto eyacula toman un recipiente y se lavan con jabón. ellas mismas abren la puerta y tiran el agua en la calle. De esa manera Pancho llevaba la cuenta.
 Regresé cinco años después y para sorpresa, el barman seguía siendo el mismo. Después de invitarle un cigarro que me aceptó, me presenté, le mencioné el suceso de aquella apuesta famosa, Se recordó el instante y como una cosa natural le pregunté qué había sido del cinco palos y me contesté que ya no venía a la cantina, Me miró, y le invité una cerveza, cosa que aceptó y empezó a contar lo que había pasado con singular personaje.
Va a ver, en aquella mesa estaba sentado un cliente de años que andaba muy alegre y se hacía acompañar de dos muchachas una de ella entrada en años , pero que aún se le veían buenas formas, las había contratado para que lo acompañasen hubiese o no hubiese sexo, eso pasó, verá, hace como dos años. A la media noche llegó el cinco palos, las muchachas fueron a recibirlo, menos una de ellas.  Él venía tomado, así que se paró enfrente de ella y dijo, “que, no le vas a dar besito a tu papi”, ella hizo como que no le había escuchado y él encabronado le echó la copa en el vestido.  No nos dimos cuenta, tomó el micrófono y dijo en voz alta yo soy la puta que se acostó con este cabrón a que todos llaman cinco palos,
Nos dio pelos y señales y las bandejas que ella tiraba era del agua de lluvia porque tenía goteras en su vivienda. El amigo cuando mucho se echó uno y después se la paso dormido, Había mucha gente y el chisme corrió peor que pólvora. Dejó de venir, pues las veces que lo hizo, no le hablaban. Dicen las malas lenguas, que una pandilla lo espero a que saliera y lo golpearon, otros dicen que fueron a más, pero desde ese entonces dejó de venir.

lautrc